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jueves, 7 de abril de 2011

Privatización S.A.

El artículo 27 Constitucional en su párrafo sexto, versa: “Corresponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la Nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines.”

En 1992, siendo presidente de la República Carlos Salinas, se reforma el artículo 3° de la ley reglamentaria de la constitución en torno a la energía eléctrica, para definir, lo que NO era el “servicio público” que cita el artículo 27 constitucional, de tal forma que la modificación a la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, de las cuales cito:

“No se considera servicio público:
I.- La generación de energía eléctrica para autoabastecimiento, cogeneración o pequeña producción;
II.- La generación de energía eléctrica que realicen los productores independientes para su venta a
la Comisión Federal de Electricidad…”

Al definir lo que “no se considera servicio público”, se abrió la puerta a la inversión privada, de forma que en el año 2000 el sector privado producía un .4% de la energía eléctrica del país y, a partir del sexenio de Fox, a la fecha, el sector privado produce el 40% de dicha energía.

Como estrategia para evitar el aumento de la fuerte deuda que tiene la CFE, ha recurrido a la compra de energía a empresas privadas, pero esta misma actividad amplía la deuda de CFE y no sólo esto, es una deuda generada por privados que se vuelve pública. También es importante señalar que los contratos que celebra con dichas empresas, tienen una duración de 30 años, en los cuales se establece un precio fijo inamovible, así como medidas precautorias con respecto al costo del Gas Natural, combustible mediante el cual general la energía eléctrica.

Lo cual nos lleva al segundo problema en los recursos energéticos del país, el gas natural, debido a la escasa inversión que ha hecho el país en exploración e investigación para generarlo, tiene que ser importado de forma que, a la deuda eléctrica, se suma la deuda por el gas y los costos de importación del mismo.

Esto mismo está sucediendo con el petróleo, poco a poco se pretende que las empresas privadas puedan dedicarse a su explotación. ¿Sabían que producir un barril de petróleo cuesta 6 dólares, y se vende a 52 dólares? Impresionante retribución económica sería que México contara con la infraestructura necesaria para producir, refinar y exportar crudo y sus derivados.

La privatización calladita y bajo la mesa de las principales fuentes de energía de nuestro país ha sido tremenda en los últimos años. La privatización en nuestro país siempre ha representado muchos fracasos, números rojos y los pocos número negros que aparecen, no son para beneficio de la nación.

Como ejemplo basta recordar la privatización de la banca, que trajo como compañera a la terrible catástrofe de 1995, sino a la desnacionalización completa de la misma. Por no mencionar las 21 comisiones que no cobran a sus clientes en sus países de origen y los malos servicios que en este país, prestan las mismas.

A modo de conclusión de esta columna, cito un fragmento de un ensayo del 2006, que aún tiene vigencia hasta estas fechas, relativo al asunto: “…El programa económico que defienden cerradamente las élites económicas nacionales y del extranjero más conservadoras con fuerte presencia en México no deja lugar a dudas: el neoliberalismo y su segunda generación de reformas estructurales, vale decir, la apertura del sector energético al capital privado nacional y extranjero, la reforma laboral para abrir el camino al abaratamiento de contrataciones y despidos de trabajadores, la reforma fiscal (sobretodo la de PEMEX, para abrirle curso a los esquemas privatizadores), pero especialmente la mercantilización creciente de los sectores educativos, de la salud y de la seguridad social (mediante la profundización de los esquemas privados de pensiones), para de una vez por todas derribar el de por sí precario Estado de bienestar y abrir esos campos a terrenos jugosos de ganancias privadas…” (Álvarez Béjar, 2006).

1 comentario:

  1. Ni privatizar es absolutamente malo o bueno, ni mantener el control por el Estado lo es. Como que hay muchos juicios de valor detrás de tus planteamientos sobre la privatización de la producción eléctrica ¿es realmente mala? ¿es realmente importante que el Estado, a través de la CFE, se ponga a producir electricidad? Yo soy de la filosofía de que "el riesgo se asigna al mejor administrador del riesgo", y si un privado puede hacer mejor algo, que lo haga bajo las premisas que el Estado establezca. Finalmente Pemex, que religiosamente es "de los mexicanos", es una herejía soberana: el control no lo tiene el Estado sino un sindicato corrupto y una nomenclatura de profesionistas. No me hace mucha diferencia que Pemex sea de los mexicanos o de empresas extranjeras, al final de cuentas el riesgo está asignado al peor administrador del riesgo.
    Quítale los juicios de valor, y el romanticismo de las entrañas de la tierra o las actividades estratégicas, y al final de cuentas la producción estatal es un fracaso porque los riesgos de fracaso son altos y se asignan al peor administrador.
    Saludos.

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