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jueves, 7 de abril de 2011

Que no las repartan, ¡que las asuman!

Columna publicada en www.sdpnoticias.com el 01 de noviembre de 2010

La Arquidiócesis de México acusó a gobernadores, corporaciones policiacas "enteras", militares, "ambientes" empresariales, periodistas, medios de comunicación y "algunos ambientes religiosos" al decir que "están involucrados con el poder corruptor del narcotráfico y la delincuencia que de allí se deriva".
En el semanario “Desde la Fe”, bajo el título "Barbarie Inhumana", la jerarquía de la Iglesia Católica señaló que estos sectores de la población están involucrados con el crimen organizado que da origen a la violencia que vive el país.

El documento establece que en algunos pueblos y comunidades se ha justificado la presencia y actuación de los narcotraficantes "porque son benefactores del pueblo", y esto "debemos decirlo con pena".

La Iglesia plantea que, "para vergüenza de algunas comunidades católicas, hay sospechas de que benefactores coludidos con el narcotráfico han ayudado con dinero, del más sucio y sanguinario negocio, en la construcción de algunas capillas", lo cual consideran "inmoral y doblemente condenable, y nada justifica que se pueda aceptar esta situación".

Desafortunadamente esta pública confesión, también tiene una frase exculpatoria: "No es tiempo de repartir culpas sino de buscar soluciones y comprometernos en erradicar de raíz este cáncer social que amenaza con destruirnos. Bien harían algunas figuras públicas en dejar de hablar de legalizar la droga y comprometernos a rescatar a nuestros jóvenes y comunidades”, agregando un “Necesitamos soluciones mucho más radicales que las que se han visto hasta ahora”.

¿Más radicales que el ejército en las calles? O ¿más radicales como investigar las donaciones, contribuciones e ingresos de procedencia ilícita que ha declarado como sospechosos la misma iglesia? Porque voto por la segunda, aunque no la calificaría de radicalismo, sino de legalidad.

Quien acepta dinero del narco no es, en ninguna forma, un aliado en la lucha por un mejor país y sí que es tiempo de repartir culpas, y también las sanciones correspondientes.

La separación de la iglesia y el Estado precisamente somete a la iglesia a actuar bajo las normas del Estado, a respetar sus leyes y las actividades que él decrete como legales. Yo desde mi humilde trinchera exijo que los impartidores de justicia que tan esmeradamente libran esta “guerra” contra el narco, soliciten a la Arquidiócesis lugares, nombres, fechas y demás datos que lleven a una investigación seria de lo que para la iglesia es una sospecha.

Me parece que ya va siendo hora de que la iglesia asuma sus responsabilidades, ¿o también esto se dejará a la luz burlona, en secreto a voces y sin castigo como la pedofilia sacerdotal?

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