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jueves, 28 de abril de 2011

Tránsito, orígen y destino.

Esta columna la publiqué en sdpnoticias.com el 24 de noviembre de 2010 en honor a una pequeñita que despareció en Tlaxcala hace ya cuatro años. 


Aquí, en este lugar que es un poco más privado, puedo con libertad decir que es por ella, que todos los días lucho. Es por chicas como ella que cada día alzo la voz para que la situación tan terrible de la trata de personas en nuestro país deje de ser la nube negra que ahora nos cubre a varias familias que hemos visto a nuestras niñas salir de casa y nunca más volver.


Para ti Itzel... donde quiera que te encuentres, te recordamos siempre, y seguimos buscándote.


La trata de personas es uno de los delitos que, a mi parecer, atentan en mayor forma contra los derechos fundamentales. No solamente vulnera a la víctima directa, sino que vuelve también víctimas de ese delito a la familia, a la comunidad en la que suceden los hechos y en general, a la sociedad en general.

Debido a la ubicación geográfica de nuestro país, un factor muy importante para ser considerado es que somos un país propicio a la migración, en teres modalidades: somos un país de tránsito de víctimas de este delito, de origen –principalmente de niños y mujeres- que son trasladados a otros países con fines de explotación sexual y laboral y de destino de víctimas que, con los mismos fines, son traídas al territorio nacional.

La trata de personas está tipificada en México en la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas, estableciendo en su artículo 5 que cita: “Comete el delito de trata de personas quien promueva, solicite, ofrezca, facilite, consiga, traslade, entregue o reciba, para sí o para un tercero, a una persona, por medio de la violencia física o moral, engaño o el abuso de poder para someterla a explotación sexual, trabajos o servicios forzados, esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud, servidumbre o la extirpación de un órgano, tejido o sus componentes”.

Sin embargo, a pesar de que este delito se encuentra debidamente tipificado, en México se carece de un sistema de seguimiento, información y por supuesto, se carece de estadísticas precisas que permitan conocer la cantidad exacta de personas desaparecidas por este delito, y es de explicarse también, porque seguramente la cifra negra de desapariciones que no se denuncian, es enorme, sobre todo en los casos en los que el crimen organizado tiene altas probabilidades de estar involucrado.

Pues bien, un caso muy particular es el que ha ocurrido en Puebla, que, a pesar de no ser muy  mencionado en épocas recientes, ha alcanzado estadísticas muy preocupantes.

En el mes de diciembre del año pasado, en un artículo de La Jornada, en el cual de daban datos proporcionados por la PGJ, se reveló que desde el 2005, año en el que inició el gobierno de Mario Marín Torres, 3, 323 mujeres desaparecieron en la entidad, dichas cifras indican que en 2005 se denunció la pérdida de 61 mujeres de entre 14 y 29 años. Al año siguiente la cifra aumentó a 137 y en 2007 se disparó a mil 402 mujeres, un incremento de 2 mil 228 por ciento respecto de 2005.

En 2008 se reportaron mil 154 casos. Sólo en el primer trimestre de ese año, Puebla superó a Chihuahua con 256 desapariciones reportadas, mientras en el estado norteño sumaron 40.

En el primer semestre de 2009 la PGJ conoció de la desaparición de 569 mujeres. A la fecha no se han dado a conocer más cifras sobre este asunto en esa entidad en Particular. ¿Y las cifras de ese entonces a la fecha?
Si a la desaparición de mujeres sumamos también la de los niños que desaparecen víctimas de las redes de prostitución infantil, o de su incursión forzada en el mundo de la pornografía, las cifras no conocidas se vuelven alarmantes  y no es un problema nuevo, simplemente el Relator Especial de la ONU en su visita del 2007 informó que en el Distrito Federal hay estimaciones que identifican a más de 20 mil niñas y niños en situación de calle, que enfrentan una alta vulnerabilidad de convertirse en víctimas de trata de personas, explotación sexual comercial, pornografía y prostitución infantil.

También  constató personalmente que en el Barrio de la Merced, en el Distrito Federal, se da la venta de material que contiene imágenes de abuso sexual a menores. Además, identificó la existencia de zonas de alta concentración de niñas y niños víctimas de explotación sexual.

Este es otro problema pendiente por resolverse, un problema que no solamente no se está atacando con la efectividad necesaria por parte de los gobiernos tanto federal como locales, lo más preocupante es que podría asegurar, que ni siquiera los gobiernos conocen la magnitud de este problema que en silencio va destrozando familias y atacando a la niñez y juventud de este país.


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