Seguidores

miércoles, 1 de junio de 2011

Qu’ils mangent de la brioche

El día de ayer ha quedado demostrado, nuevamente, por que los monopolios son dañinos, completamente injustos y como siempre, muestran por qué su existencia va en detrimento de la sociedad y en completa violación a lo que establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

En el caso que nos atañe el día de hoy, podemos ver las consecuencias de que en el ámbito de la agricultura, los monopolios  condicionen la compra de casi la totalidad de la producción del grano de maíz cada año, al precio que ellos imponen –que ni siquiera es el adecuado y mucho menos el justo- lo cual obliga a los productores de tal grano a ceder, ya que o se vende a estas grandes empresas, o el grano se pudre, porque no hay nadie más a quién lo puedan vender.

A pesar de que esa situación en los campos pueda parecernos muy distante en las urbes, hoy, tenemos el reflejo más cercano que nunca, en la mesa de todos los días, un terrible aumento del costo del kilogramo de tortilla que pasa de $8.00 pesos a $12.00 pesos, dependiendo de la zona del país en la que nos encontremos, porque en algunos Estados del norte, ya se vende en 14 o 15 pesos el kilo.

¿A qué se debe tal aumento? A que los precios en los que se cotiza la tonelada de maíz están sujetos a los precios que fijan Cargill y Gruma, principales integrantes del monopolio del maíz.  En mayo la tonelada de este grano se cotizaba en $3,150 pesos y el día de hoy se cotiza en $3,700 pesos.

Si a esto sumamos los aumentos de  gas, gasolina y electricidad (porque solo Dios sabe qué hace CFE con los costos de la luz), además del pago de sueldos de empleados, prestaciones, maquinaria y su mantenimiento, rentas de locales, etc., pues la lógica nos dice que para lograr evitar los cierres de dichos negocios, lo único que les queda, es aumentar el precio del producto que fabrican.

Pero no solo son ellos los afectados, sino todos los que consumimos tal producto, que somos muchos, sino es que todos.

El salario mínimo general vigente en el D.F., correspondiente a la zona “A”, en el año 2009 fue de $57.46 pesos, en el 2010 es de $54.80 pesos, lo cual en sí resume un aumento de $2.66 pesos. Con este salario, una persona puede comprar 4.78 kilogramos de tortilla.

Sin embargo, una persona que percibe un salario mínimo, no solamente compra tortillas, tiene que comprar comida, pagar transporte, servicios, medicinas, ropa, calzado y todos los demás menesteres que nos va requiriendo la vida.

Pero no solo este sector de la población se ve afectado. Todos los mexicanos “la gente del maíz”, somos afectados por esta decisión. Las amas de casa, los que comen fuera en pequeñas fondas, etc., notaremos seguramente un aumento general de los gastos que se erogan cada día.

La frase que titula esta columna fue pronunciada entre los años de 1788 y 1789 en labios de  María Antonieta de Austria y si bien los historiadores dudan que en realidad fuera ella quien la pronunciara, la frase fue proclamada por alguna brillante aristócrata, previo el inicio de la Revolución Francesa, cuando el pueblo reclamaba que no tenían dinero ni para comer pan y hoy, me parece bastante aplicable a la situación de México: “Que coman pastel”.

Yo quisiera preguntar hoy a los brillantes aristócratas de nuestro país, ¿es esta una idea de eliminar a los pobres del país, matándolos de hambre? ¿Sabrán que en muchas comunidades el único alimento seguro es un taco de sal y ya con mucho lujo, con salsa? ¿Es esta una idea con miras al 2012? Digo, debe resultar más fácil comprar votos a cambio de despensas, si el pueblo tiene hambre y falta de dinero, supongo.

Felipe Calderón, tiene un gran problema en sus manos. Por un lado tiene a un monopolio con el cual adquirió compromisos que lo llevaron al poder vía dinero y recursos en la campaña electoral, por el otro, tiene un campo amarrado a la compra injusta de su producción, a un pueblo que percibe muy poco dinero y paga lo que consume a muy altos costos y que se encuentra indignado por el proceder tan nefasto de la presidencia de juguete, que como consecuencia ha generado el aumento del costo de un producto básico en la vida de este país.

A María Antonieta se le designo como la “plaga y la sanguijuela de los franceses”, parecido es Calderón, solo que de los mexicanos, porque sus negociaciones a cambio de una silla presidencial, las pagamos todos en impuestos, productos, servicios, etc. El presidentito, no es más que un enemigo declarado de la nación mexicana. Lo único que le faltaría es pedirnos a todos, que si no nos alcanza para las tortillas, comamos pasteles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario